Y así, casi sin darnos cuenta, estamos a punto de cumplir un año.
Un año desde que Tempus Watches Club empezó a latir como una idea clara: hablar de relojes con profundidad, respeto y curiosidad, sin prisas y sin ruido innecesario. Haciendo retrospectiva, este tiempo ha sido todo menos predecible, ha sido un recorrido intenso, lleno de descubrimientos, aprendizaje y conversaciones que nos han confirmado algo esencial: la relojería sigue siendo un lenguaje vivo, capaz de emocionar, sorprender y contar historias relevantes, y —aún más importante— cualquiera puede enamorarse de ella.
Durante estos meses hemos explorado piezas icónicas y creaciones radicales, grandes maisons y relojeros independientes, complicaciones históricas y propuestas contemporáneas que desafían las reglas. Cada artículo ha sido una excusa para mirar más de cerca, para ir más allá de las especificaciones técnicas. No se trataba solo de mostrar objetos, sino de compartir criterio, contexto y sensibilidad con una comunidad que valora el tiempo tanto como nosotros.
En este camino, nunca nos ha movido la urgencia de crecer rápido, por el contrario, hemos preferido avanzar con firmeza, construir una base sólida y coherente, y dar a cada paso el tiempo que merece. Crecer a nuestro ritmo nos ha permitido ser consistentes, honestos y fieles a nuestra visión. Porque en la relojería, como en la vida misma, lo importante no es la velocidad, sino la solidez con la que se construye.
Lo que viene por delante nos entusiasma aún más: Nuevas secciones, piezas más ambiciosas. Queremos seguir explorando los límites entre la técnica y la emoción, entre el objeto y la historia, entre el tiempo medido y el tiempo vivido e incluso el tiempo perdido.
Este casi primer año no es un cierre, sino un punto de inflexión: un recordatorio de por qué empezamos y una invitación a seguir caminando juntos. Porque el tiempo, cuando se comparte, adquiere un valor distinto. Y esto, al final, es solo otro comienzo.
Sarah Serfaty
